Diagnóstico y Acondicionamiento de suelos para la Plantación de Huertos Frutales

 

Samuel Román C. Ing. Agrónomo, M.Sc

Especialista en suelos, fertirriego y nutrición vegetal aplicada

 

La plantación de huertos frutales en Chile es una tarea que se lleva a cabo principalmente desde fines de otoño a inicios de primavera (junio a septiembre) y para lo cual se recomiendan algunas tareas específicas antes de plantar en cuanto al acondicionamiento del suelo. El gran objetivo de este manejo es que al momento de plantar, el suelo se encuentre en una condición tal que permita el establecimiento de la nueva planta sin problemas de drenaje, oxigenación, ni problemas químicos o de fertilidad que afecten el desarrollo de sus raíces durante el primer año y los que le siguen, ya que esto terminará afectando el desarrollo y productividad general de la planta y del proyecto.

 

Para esquematizar el trabajo que se requiere siempre antes de plantar, podemos ordenarlo de la siguiente manera:

 

1.- Estudio del suelo vía calicatas.

Las calicatas deben ser de 2 metros de profundidad, en número de 1 a 2 por hectárea dependiendo de la variabilidad del suelo elegido y ubicadas en forma equidistante. Cada calicata se debe identificar y georeferenciar con un GPS para luego llevar la información a un plano que permita visualizar la situación general y particular del suelo donde se realizará la plantación. Este estudio debe ser realizado al menos un año antes de realizar la plantación.

 

Qué se debe registrar en las calicatas:

  1. Profundidad del suelo. Se debe medir la profundidad que alcanza el suelo antes de llegar a algún obstáculo que limite la libre penetración de las raíces en el suelo, como lo son la roca madre, capas endurecidas o tosca, napa freática o alguna zona de fuerte compactación y/o moteado de fierro/manganeso, entre otros. Esto ayuda a definir la profundidad de trabajo a la que operará la maquinaria empleada en la preparación de suelo y la necesidad o no de uso de camellones. Conceptualmente, un frutal mayor necesita como mínimo 1 metro de suelo suelto bien preparado, de buen drenaje y oxigenación. Si hay abundancia de arcillas, lento drenaje o por profundidad limitada no se tiene 1 metro libre, es recomendable trabajar con camellones. La altura y el ancho del camellón deben ser definidos directamente en terreno en función de la textura y profundidad del suelo, así como también del sistema radicular esperable de la especie a plantar y del sistema de riego a utilizar.
  1. Profundidad a la que llegan las raíces. Se debe medir la profundidad a la que llegan las raíces de las especies que están o estuvieron en el suelo donde se llevará a cabo la plantación; esto es un primer indicador de la profundidad a la cual llega el oxígeno en dicho suelo. Lo anterior es relevante ya que no se debe olvidar que las raíces de las especies vegetales son aeróbicas, es decir, necesitan oxígeno para respirar e intercambiar gases de la respiración. Si las raíces antiguas llegan sólo a 20-30 cm, es un indicador de anoxia en profundidad, la cual debe ser investigada, analizada y solucionada.
  1. Presencia de moteados de fierro y/o manganeso. Se recomienda utilizar como referencia una escala de 1 a 5 para identificar intensidad del moteado o precipitados: se asigna una nota 5 si se trata de una cantidad extremadamente alta de moteados y nota 1 si son muy pocos. Se debe indicar si se trata de fierro (moteado rojo) o de manganeso (moteado negro). Esta condición es sinónimo de anoxia y probablemente de fuerte acidez, la cual debe ser corroborada a través de un análisis de suelo. También se debe indicar la profundidad a la que comienzan los moteados y luego comparar con las demás calicatas para inferir si se trata de una situación general o puntual y a qué profundidad está el problema. Una alta presencia de moteados negros en la calicata puede ser una indicación de niveles altos de manganeso en el suelo, lo cual en especies sensibles como nogal, palto y carozos (incluyendo cerezo) , implica que podría producirse algún grado de intoxicación , por lo tanto es importante determinar si el problema existe y en función de eso apuntar a correcciones específicas para su control.
  1. Capas texturales. Se debe identificar y medir el grosor de las distintas capas texturales que se observen en las calicatas, normalmente se pueden observar 2 a 3 capas u horizontes de suelo, los cuales pueden ser distinguidos por cambios en su color y su apreciación textural al tacto. Las capas texturales brindan información acerca de los distintos procesos geológicos que ha vivido ese suelo, ya sea por eventos lentos pero constantes o intensos y abruptos (Ej. aluviones). Adicionalmente también la identificación de las capas texturales entregan información respecto a lo que se puede esperar en cuanto a velocidad de infiltración del agua, posible fertilidad y capacidad de almacenaje de nutrientes y agua.

 

  1. Origen del suelo. Siempre debe ser indicado ya que aporta mucha información para su manejo. Básicamente hay 4 orígenes de suelos en Chile:

 

Suelos Aluviales. Son los suelos planos de valle, formados por el deshielo, paso y arrastre de las glaciaciones rumbo al mar, presentan presencia de piedras redondas a nivel de superficie y/o en profundidad. Pueden ser clase A (muy profundos antes de encontrar la piedra redondeada), clase B (profundidad media) o Clase C (muy delgados y con exceso de piedra en superficie y/o profundidad) y de diferentes texturas.

 

Suelos Coluviales. Corresponde a suelos formados por desprendimientos de la roca madre de murallones o laderas de los cerros que van bajando hacia los valles. Se caracterizan por la presencia de piedras angulares, aglomeradas o sueltas en lo que se llama “zona de desplazamiento de masas”. Es también lo que llamamos “piedmont” o pié de monte.

 

Suelos Graníticos. Son suelos formados a partir de la intemperización de la roca granítica dominante o “roca madre” que se concentra en la pre cordillera de la costa desde la IV a la VIII Región de Chile y que va desde la ruta 5 hacia la costa principalmente. Las calicatas también nos indicarán si se trata de un suelo granítico clase A, clase B o clase C, en función de su profundidad efectiva o libre de impedimentos.

 

Suelos Volcánicos. Son suelos derivados de cenizas volcánicas. Existen 4 subtipos: Trumaos de pre-cordillera de los Andes (cenizas “jóvenes” y pendientes fuertes), Trumaos del Valle central (cenizas de edad intermedia y lomaje suave), Ñadis del valle central (suelos volcánicos planos, húmedos, con capas de fierrillo) y Suelos Rojos Arcillosos de la pre-cordillera de la Costa (cenizas muy antiguas, lomajes suaves a fuertes, muy arcillosos). Cada uno de ellos, presenta características particulares en cuanto a profundidad, textura, pendiente, pH, fertilidad, capacidad de fijación del fosfato y nivel de materia orgánica.

 

La descripción del suelo vía calicatas es una descripción física y la información obtenida, debe permitir conocer y dejar claro lo siguiente:

 

  1. Origen del suelo (aluvial, coluvial, granítico, volcánico u otro)
  2. Categoría del suelo (A, B o C)
  • Textura predomínate del suelo
  1. Profundidad que tiene antes de limitaciones de tipo físico o fisicoquímico
  2. Grosor y tipo de las distintas capas texturales, indicando textura y color
  3. Una indicación de las limitaciones que se encuentran en el suelo, si es que las hay (compactaciones, moteados, napas freáticas, humedad, toscas, capa de pomacita , profundidad de raíces y otras).

 

Con esta información se puede definir claramente la necesidad o no de usar  camellones y sus dimensiones, la profundidad de la preparación de suelo requerida, y el tipo de maquinaria que se utilizará para realizarla (subsolador, garra, excavadora o simplemente con un cincel si se trata de una tarea más superficial); en muchos casos la decisión deberá ser tomada en terreno comparando el trabajo que son capaces de realizar las distintas maquinarias disponibles en las condiciones identificadas al realizar las calicatas.

 

Por otra parte, con los datos entregados por la calicata referente a la textura y profundidad de suelo en conjunto con un estudio de infiltración con los distintos tipos de emisores de riego “in situ”, se debe definir si el mejor sistema de fertirriego para esa condición serán los goteros, microaspersores o microjet. En caso de que la alternativa seleccionada sea el gotero se debe determinar cuántas líneas serán utilizadas en función del ancho del sistema radicular esperable de la especie a plantar y de la textura de la capa superior de suelo.

 

Finalmente, la integración de toda la información obtenida en todas las calicatas permitirá sectorizar el huerto a plantar en unidades diferenciadas de riego, las cuales podrán ser manejadas de forma independiente al no mezclar texturas y profundidades de suelo significativamente diferentes, lo que facilitará los distintos manejos a realizar en el futuro.

 

2.-Toma de muestras de suelo para los análisis físicos y de fertilidad.

La segunda etapa en el trabajo previo a la plantación es la toma de muestras para los análisis de suelo. Esta debe realizarse con al menos 8-10 meses de antelación para alcanzar a hacer las correcciones que se puedan necesitar en función de los resultados que se obtengan en cada sector previamente identificado. Los muestreos deben ser de 0 a 30 cm y de 30 cm a 60 cm, por separado.  Se toman 30 submuestras de 0 a 30 cm y 30 submuestras de 30 cm a 60 cm. en cada unidad ó sector definido por el estudio de calicatas. Las 30 submuestras de cada profundidad se mezclan homogéneamente y luego se envía un kilo al laboratorio en lo que se llama “muestra compuesta”. Si se desea solicitar la medición de la densidad aparente para saber si hay compactación del suelo, se deben tomar además 30 terrones del tamaño de una pelota de ping-pong y enviarlos por separado y debidamente identificados. Cada muestra debe llevar la siguiente identificación:

 

1.- Nombre del predio

2.- Localidad

3.- Fecha de muestreo

4.- Profundidad de muestreo

5.- Sector de muestreo

 

Los análisis físicos que pueden ser solicitados a los laboratorios incluyen textura, densidad aparente y curvas de retención de humedad, los cuales pueden ser usados para confirmar o a descartar algunas presunciones generadas a partir del estudio de suelo vía calicatas.

 

Los análisis químicos y de fertilidad deben incluir al menos lo siguiente:

pH, % de materia orgánica (M.O.), salinidad en solución (CE), macroelementos (N, P, K, Ca, Mg, Na, Mg y S) y microelementos (Fe, Zn, Mn, Cu, Mo, B, Cl).

 

Si el análisis de salinidad indica niveles sobre 2 mmhos/cm, se recomienda solicitar un análisis de salinidad en pasta saturada para saber con detalle qué sales y en qué magnitud se encuentran en el suelo a modo de planificar medidas para su control antes de plantar y durante la vida del huerto.

 

 

2.1 Indicadores críticos en un análisis de suelo para definir el uso de enmiendas y correcciones químicas y de fertilidad en un suelo:

 

Es el primer factor a considerar. Se recomienda seguir la siguiente guía, dependiendo de la especie a plantar:

 

a.1)     Especies frutales que prefieren suelos de pH > 6 y < 7,3 (Uva de mesa, viñas, nogales, almendro, carozos incluyendo cerezo, cítricos, palto, olivo, chirimoyo).

 

Si el análisis de suelo indica que el pH es menor a 6 y en especial si es menor a 5,5, se recomienda encalar. Si además el contenido de magnesio es menor a 10% de la CIC y su concentración en el suelo es menor a 120 ppm, se recomienda usar cal dolomítica.

 

Para definir la cantidad de cal a aplicar siempre se debe usar como guía una curva de encaladura. Nunca se debe intentar corregir más de 1 punto de pH en una sola aplicación de cal, ya que esto puede generar desequilibrios nutricionales en el suelo debido a que algunos nutrientes como el hierro, zinc, cobre y manganeso serán capturados e inmovilizados temporalmente en forma significativa por el carbonato (CO3=) que se liberará al aplicar la cal

 

Si el pH del suelo es mayor o igual a 7,4 se debe establecer una estrategia de uso de materias primas fertilizantes de reacción ácida y eventualmente acidificar el agua de riego. La idea es mantener el pH alrededor de 6,5-7 y no pasar de 7,3 en la solución de suelo , en especial si hay abundancia de carbonatos en el suelo (más de 400 ppm) y en el agua (más de150 ppm). La combinación de pH >7,3 con altas concentraciones de carbonato libre (CO3=) en el suelo y agua puede ser muy antagónica para este grupo de especies vegetales ya que la alta concentración de grupos OH- en condiciones de pH alcalino junto a la presencia de CO3= libre pueden bloquear fuertemente a los cationes metálicos divalentes presentes en el suelo (Cu++, Mn++, Fe++, Zn++). Ambos, OH- y CO3= son aniones muy activos.

 

a.2)     Especies frutales que se adaptan a suelos de pH <6 (arándano)

 

Si el análisis de suelo presenta valores de pH > 5 y < 7,3:  No se requiere corrección.

 

Si el análisis de suelo arroja valores de pH > 7,3  , se debe acidificar con azufre elemental al menos 1 año antes de plantar procurando lavar muy bien las sales liberadas antes de realizar la plantación. La cantidad de azufre a utilizar debe ser determina a través de una curva de incubación/acidificación con azufre realizada en laboratorio o utilizando la tabla de acidificación de la Universidad de Michigan como referencia.

 

a.3)     Frambueso, avellano europeo, manzano, kiwi

 

Si el análisis de suelo presenta un pH < 5,8 y en especial si se encuentra por valores bajo 5,5 se debe encalar usando como guía la curva de encaladura de dicho suelo. No solo por la adaptación de estas especies a esos pH, sino para mejorar y facilitar la disponibilidad de nutrientes para estos cultivos.

 

  1. Materia orgánica.

 

Si los valores son menores a 3% y en especial si el suelo presenta textura arenosa o franco arenosa de baja CIC (<10 meq/100 gr), es recomendable agregar materia orgánica antes de plantar y luego vía riego y en superficie, una vez que el huerto se encuentre establecido.

 

Es recomendable usar materia orgánica estabilizada o compostada, no fresca y de buena calidad. La dosis a utilizar antes de plantar se mueve entre 50 y 100 m3/ha; los indicadores de calidad a considerar para la utilización de un compost son los siguientes:

 

  1. pH >6 y < 7,5
  2. Salinidad < 8 mmhos/cm
  • Relación C/N: 25:1 hasta 35:1

 

Se sugiere guiarse por la norma chilena de guanos y compost como referencia. Por otro lado, los guanos y compost pueden aportar cantidades considerables de nutrientes, por lo que es muy importante compararlos en este sentido y hacerlo siempre en base a su % de materia seca. La forma de aplicar estos productos es a superficie completa y luego, si se acamellona se debe procurar que gran parte de lo aplicado esté en la zona del camellón mejorando y enriqueciendo el suelo donde se desarrollara de forma principal el sistema radicular de la especie a plantar.

 

Se debe tener cuidado con los contenidos de cloro de los guanos y compost, en especial en especies sensibles como el palto y el nogal y en particular en zonas áridas y semi áridas, donde ya hay bastante cloro en suelo y en agua. El valor de salinidad de cada producto sirve como primera información, sin embargo, siempre se debe comparar los valores de aporte de cloro de los distintos productos con los que se pretende trabajar, y en casos de que la especie a plantar sea sensible, elegir el producto con menor aporte de elemento.

 

  1. c) Fosfato

Este es un nutriente fundamental en la nutrición de los frutales y debe ser corregido si se necesita. Como guía para tomar la decisión de suplementarlo antes de la plantación se utilizará los valores indicados en los análisis de suelos en base al siguiente criterio:

 

Fósforo Olsen <10 ppm y pH < 7:  Aplicar 500 kg/ha de superfosfato triple.

Fósforo Olsen <10 ppm y pH > 7:  Aplicar 500 kg/ha de fosfato monoamónico.

Fósforo Olsen > 10 ppm              :  No se requiere hacer corrección

 

  1. Potasio

 

Nutriente muy relevante en el corto y largo plazo para todo huerto frutal. Como guía para tomar la decisión de suplementarlo antes de la plantación se utilizará los valores indicados en los análisis de suelos en base al siguiente criterio:

 

Potasio int. < 100 ppm: Aplicar 500-600 kg/ha de KCl o Sulfato de potasio

Potasio int. 100 ppm a 200 ppm: Aplicar 300-400 kg/ha de KCl o Sulfato de potasio

Potasio int. > 200 ppm: No aplicar potasio de corrección.

 

En qué parte del rango recomendado situarse , dependerá de la textura del suelo; si se trata de una textura arcillosa, se debe utilizar la parte alta del rango recomendado. Si se está en presencia de una textura arenosa o franco arenosa, se debe trabajar con una dosis baja dentro de los rangos previamente establecidos.

 

La decisión de usar KCl (Cloruro de Potasio) o de Sulfato de Potasio como enmienda potásica está asociada a los niveles de salinidad del suelo: si se trata de suelos con valores de conductividad eléctrica superiores a 1 mmhos/cm, se debe usar sólo Sulfato de Potasio mientras que si estamos con valores menores a 1 mmhos/cm, se puede utilizar Cloruro de Potasio.

 

Para la corrección del potasio a través de fertilizantes potásicos, así como también en el caso del fosforo, se recomienda aplicar el producto a superficie completa incorporándolo posteriormente con una rastra. Para plantaciones donde se vayan a hacer camellones se debe procurar que todo el fertilizante aplicado quede en la porción que se pretende acamellonar a modo de que los nutrientes queden localizados en la zona donde se desarrollarán las raíces de la especie a plantar. La incorporación de ambos nutrientes debe ser realizada al menos 4 a 5 meses antes de la plantación y antes de las lluvias de otoño-invierno.

 

  1. Micronutrientes

 

La fertilización de corrección con micronutrientes antes de plantar un huerto no es una práctica habitual, sin embargo, si los análisis de fertilidad de suelo evidencian deficiencias es recomendarle hacerla. A continuación se sugiere una pauta a modo de orientación para realizar correcciones de Boro y Zinc:

 

Boro:

 

Boro en análisis de suelos < 0,8 ppm : Aplicar 30-40 kg/ha de Boronatrocalcita muy bien repartido en superficie completa, incorporada 4 meses antes de plantar.

Boro en análisis de suelo >0,8 ppm: No requiere corrección

 

Zinc:

 

Zinc en análisis de suelo < 2 ppm: Aplicar 200-250 kg/ha de Sulfato de Zinc a superficie completa.

Zinc en análisis de suelo  > 2 ppm: No requiere corrección

 

El Sulfato de Zinc no debe mezclarse ni ser aplicado conjuntamente con materia orgánica (en especial fresca) o fosfatos en ninguna de sus formas ya que ambos lo hacen precipitan muy rápido bloqueando al zinc en forma severa. Este producto debe ser aplicado solo y al voleo o con máquina sembradora para que quede incorporado y distribuido de forma homogénea.

 

 

Diagnóstico y Acondicionamiento de Suelos para la Plantación de Huertos Frutales

Samuel Román C. Ing. Agrónomo, M.Sc.

Mayo de 2020.